¿Qué es pensar en imágenes? II: Velocidad

¿Qué es pensar en imágenes? II: Velocidad

 

 

Gran parte del pensamiento occidental del s. XX; el moderno y el clásico, ha funcionado desde una lógica binaria y representacional que no pensó la multiplicidad; la diferencia y el acontecimiento (Díaz, 2007). Sin embargo, los actuales cambios antropológicos que la tecnología ha traído a nuestras vidas, aun vagamente estudiados por las instituciones que administran la circulación del saber, han generado transformaciones en nuestra sensibilidad y percepción del tiempo; un aumento de los medios de producción y de los fragmentos de realidad que nos dan sentido (Sloterdijk, 2008). Por lo mismo, desde que los objetos, las mercancías y hasta las personas pudieron ser sustituidas por signos, por fantasmas virtuales transferibles, las fronteras de la velocidad se han derrumbado y se ha desencadenado el proceso de aceleración más impresionante de la historia humana (Berardi, 2003). Es por ello que nunca había sido tan relevante, como lo es en este siglo, estudiar las relaciones que existen entre la velocidad, la intensidad y el caos, ya no desde un punto de vista físico-racional, sino que desde una perspectiva estética y antropológica. Pensar el devenir es indisociable de pensar el terror, pues la velocidad infinita es terror y sorpresa (Virilio, 2010). El terror es un huracán, un conjunto de flujos conducidos por diferencias de intensidad pero que son indeterminados en cuanto a su forma: un huracán es un cuerpo sin órganos. El valor que puede brindar el arte en el conocimiento, es otorgar posibilidades de pensar intensivamente y no representacionalmente; una teoría del ser en tanto compuesto por  un conjunto de relaciones de velocidad y de lentitud de la materia (Deleuze, 2008). Y lo que se juega en la velocidad o lentitud del pensamiento, es su autenticidad. Algo que incide en la imagen que tenemos del pensar en general en la medida que nos lleva a presentar en cambio una idea del pensamiento como un trabajo filosófico, que si bien es conceptual, también es artístico y perceptual. Desde una perspectiva deleuzeana habría que decir que el artista debe ser entendido como un pensador, en la medida que tanto en el pensar como en el arte se juega una capacidad creativa.

 

 Ya en ¿Qué es la filosofía?, Deleuze y Guattari (1991) presentan una visión de la filosofía como un ejercicio de variación del infinito a una velocidad infinita. Puesto que el ser mismo es velocidad infinita de variación, a la cual corresponde una velocidad infinita del pensamiento. Pensamiento que es desarrollado en una teoría que se hace cargo tanto de las velocidades propias de la sociedad capitalista contemporánea como de las velocidades intensas que recorren un cuerpo o un sistema nervioso. El pensamiento de la inmanencia como una vida, presente tanto en Deleuze solo como en Deleuze con Guattari, es un pensamiento de la variación, del caos en tanto que velocidad infinita, pero también de una ralentización constituida fundamentalmente por un proceso que ambos llaman “estratificación”. Pero esta ralentización justamente tiene lugar en un pensamiento de velocidad relativa, un pensamiento que puede ir más o menos rápido. Y no a nivel de un pensamiento de velocidad absoluta, en que ningún proceso de estratificación se sostiene.

En todo lo anterior, está involucrada también, una teoría de la imagen según la cual esta última ya no es una imagen fija a la que se le agrega el movimiento desde afuera, sino  que el movimiento es algo que le pertenece a la imagen de manera inmediata. Y esto tiene que ver con una diferencia en el modo de inmersión en la atmósfera o el flujo que genera la imagen; lo que va de la mano con una puesta en tensión del sujeto perceptivo en el proceso de recepción de la imagen. Así, lo que se hace evidente sobre todo en el cine, es que el sujeto es siempre externo al proceso de producción, y por eso es que cuando vemos una película no estamos involucrados directamente en el mecanismo que pone en movimiento a  la imagen misma: recibimos la imagen ya en movimiento. A diferencia de cuando estamos involucrados directamente en el proceso de producción de la imagen, en el que no podemos percibir el movimiento de la imagen misma que estamos generando, sino que solo percibimos el movimiento cuando hay un objeto que se mueve dentro de la imagen ya constituida naturalmente por nuestros procesos perceptivos.

 La imagen es movimiento, a velocidades relativas que permitan generar un producto relativamente estable (una escena, un plano, un cuadro), pero siempre en relación a la velocidad absoluta de variación que permita hacer avanzar el proceso de producción: ningún cuadro está completamente cerrado, todo plano remite a un fuera de plano, toda escena tiene que dar pie a la aparición de una nueva. Abrirse a las velocidades absolutas es abrirse al acontecimiento.

 

LIBROS (Edición en español)

 

 

Díaz, Esther (2007). Entre la tecnociencia y el deseo.

Deleuze & Guattari (1991). ¿Qué es la filosofía?

Sloterdijk, Peter (2008). El Repliegue del Arte

Berardi, Franco (2003). La fábrica de la infelicidad

Deleuze, Gilles (2008). En medio de Spinoza

 

 

 

 

 

 

 

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